Pasaron más de 2.000km rodando por el Perú y el momento de cruzar la frontera había llegado. Preparé a Clementina y 27km después ya me encontrba en suelo Ecuatoriano. Noté el rotundo cambio en la vegetación, pasé del árido de los desiertos del norte peruano para encontrarme en una ceja de selva tropical donde sobraba el verde y el canto de los pajaros. También aparecieron las interminables plantaciones de banana al costado del camino, kilómetros y kilómetros hasta llegar a Machala, también conocida como la ciudad del banano, dado que es precisamente de su puerto donde de exporta casi toda la producción bananera del país. Otro llamado de atención fueron algunos vendedores de cangrejos sobre la carretera, freno la bicicleta y me acerco curioso... estan vivos!, y bien frescos me comenta el vendedor. Atados con hilos en bloque y se venden por docena a 4 dolares.
Continué mi camino rodeado de bananos y a pocos kilometros de abandonar la ciudad me encontré con la carretera en reparación, había muy poco espacio en la banquina y en una patinada me caí de lleno al piso, por suerte no venía un auto detrás mío sino una moto que logró esquivarme, resultado aparte del susto un hombro en carne viva, moretones en la cadera y me clavé el pedal en el gemelo... nada gravé continué pedaleando hasta Naranjal (90km) donde me curé las heridas.